El Miño abandona aquí su placido recorrido para precipitarse en unas pequeños saltos de agua y coger fuerza y velocidad por entre las numerosas rocas que asoman por el curso del río. El lugar es muy bonito y en verano la gente suele venir a tomar el sol y bañarse en estas enormes rocas sobre el caudal del río. El sonido del agua es aquí constante y pocos metros mas adelante el Miño vuelve a serenarse.